Reflexiones en relación con el atentado islamista de Barcelona

Siempre recordaremos el 17 de agosto de 2017 como una de las fechas más trágicas de la historia de España en que unos descerebrados deciden sembrar de terror y caos Barcelona, la ciudad más turística y cosmopolita con un saldo de quince muertos y numerosos heridos, algunos de ellos en estado crítico.

La prevención es fundamental para evitar este tipo de atrocidades llevando a cabo un seguimiento más estrecho de imanes sospechosos , un control más estricto de flujos migratorios y fomentando la colaboración ciudadana y la coordinación policial, libre de fisuras y de protagonismos. No hay que olvidar tampoco medidas como la colocación de bolardos en determinadas calles y avenidas, a pesar de las incomodidades que eso pueda crear. Muchas veces es preferible un poco de sacrificio y de molestia que vivir un acto terrorista de estas características.

Es inadmisible, incomprensible y esperpéntico que los Mossos d´Esquadra, según declaraciones de sindicatos policiales, pretendan apartar de la investigación a la Guardia Civil y al Cuerpo Nacional de Policía. Da la impresión de que, detrás de esta actitud, hay una intención propagandística del catalanismo haciendo ver al resto de España y al mundo que son autosuficientes. La seguridad de todos no entiende de fantasías de ningún tipo. La seguridad española, en materia de terrorismo, debe estar siempre centralizada. La Guardia Civil no tiene que pedir permiso a nadie dentro del territorio nacional.

El atentado de Barcelona fue contra España y ,como tal, corresponde a las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado el llevar a cabo las actuaciones pertinentes, ya que cuentan con más experiencia y, sobre todo, más información. No pongo en duda la profesionalidad de la mayoría de los miembros que forman el cuerpo policial autonómico catalán, muchos de los cuales proceden de cuerpos estatales y que, por razones económicas, se pasaron a los Mossos.

Algo falla en el Estado de Derecho cuando el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil se ven apartados de una investigación en territorio español. Este detalle es muy importante, ya que se podían haber evitado los viles asesinatos. Estamos ante una escalada de terrorismo internacional, donde los servicios de inteligencia de los diferentes estados son fundamentales. Los Mossos son un cuerpo con competencias en seguridad ciudadana en el ámbito de Cataluña, pero no en el ámbito nacional ni internacional. Los belgas, por tanto, se tenían que haber dirigido a los Cuerpos y Fuerzas de la Seguridad del Estado en lugar de a los Mossos.

El Estado de Derecho no puede tolerar que se intente instrumentalizar política y miserablemente un atentado de este calibre. No se puede jugar con la seguridad de los españoles y turistas de esta manera. Además, no olvidemos que el turismo-principal fuente de ingresos de la economía española-es muy sensible a este tipo de actos bárbaros.

Como español, siento vergüenza ante el bochornoso espectáculo que dimos en la prensa internacional la tarde negra de agosto. La impresión que dimos fue de una descoordinación alarmante y muy peligrosa.

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