El miedo del presidente Kabila desatará más violencia en el Congo

La primera decisión de la asamblea constituyente ha sido –no sé con qué fundamento jurídico, si tiene alguno- la destitución de la fiscal general del Estado, una mujer partidaria de la política social de Chaves, pero no de la negación del derecho por mero voluntarismo. Una vez más en la historia, la revolución se devora a sí misma.

Menos entidad ideológica tiene la negativa del actual presidente de la República del Congo a convocar las elecciones previstas constitucionalmente. Pero Joseph Kabila muestra también, como Maduro, una excepcional capacidad de resistir las presiones, también las internacionales.

No tanto como Venezuela, pero el antiguo Congo belga tiene una fuerte presencia católica. La jerarquía episcopal se ha pronunciado netamente a favor de la participación política libre de los ciudadanos, en línea con un principio central de la constitución Gaudium et spes del Concilio Vaticano II. En ambos países, consecuencia de esa tradición religiosa, se ha aceptado –más aún en el país africano- una mediación eclesiástica, siempre bien vista por Roma como instrumento para evitar conflictos violentos. Pero los autócratas han conseguido que los responsables del diálogo tiren la toalla.

Las noticias que llegan del norte de Venezuela cuando escribo estas líneas son confusas respecto de un alzamiento militar. Hasta ahora se descartaba esa posibilidad, por la configuración privilegiada de que goza la cúpula del ejército. Pero se sabía también que había descontento, porque la milicia tiene en todas partes una relación muy intensa con los ciudadanos. Desde luego, en el Congo, donde no se ha cerrado ni mucho menos la violencia en la región de los Lagos –por usar un término amplio- la violencia puede extenderse a Kinshasa y a las grandes ciudades.

Adquiere cada vez más consistencia el movimiento juvenil La Lucha (Lutte pour le Changement), nacido en Goma, capital de Kivu-norte. Su energía es pacífica, como reflejaba el planteamiento de las marchas convocadas el último día de julio en varias ciudades de la república. Querían sólo exigir el cumplimiento de la ley: celebración de elecciones legislativas y presidenciales, con término del mandato del Presidente Kabila.

La respuesta oficial ha sido –como en Venezuela- una represión inmoderada, especialmente en Goma y Kinshasa, aunque también en Lubumbashi y Bukavu (Kivu-sur). Fueron detenidas decenas de manifestantes, junto con periodistas que cubrían la información del evento. Jeune Afrique publicó el 31 de julio datos ciudad por ciudad. La policía se justifica en que habrían incumplido la ley reguladora de las demostraciones públicas.

En cuanto al fondo, la protesta se agudizó con anteriores declaraciones del presidente de la comisión electoral. Tras publicar el calendario para la elección de gobernadores y vicegobernadores de once provincias –de escaso interés general y más que dudosa legalidad-, afirmó que era técnicamente imposible tener las presidenciales y las legislativas nacionales y provinciales antes de fin de año, sin especificar cuándo podrán ser organizadas. El segundo mandato de Kabila terminó el pasado diciembre, pero el relevo se dilata sine die, a pesar de lo firmado con la oposición en el llamado acuerdo de san Silvestre: se aceptó una prórroga para formar un gobierno de unidad nacional (incumplido, porque se dejó fuera a Le Rassemblement, grupo importante de la oposición) que organizase la consulta dentro de 2017. A falta del esperado calendario electoral, la oposición ha elaborado otro, de protestas.

La historia del Congo, tras la descolonización, apenas ha conocido la paz, desde la primera guerra civil, planteada por el secesionismo de Katanga en 1960. Nunca se ha llegado a aclarar, que yo sepa, la muerte del líder Moise Tshombe en Argelia, ya en 1969. Del Zaire del dictador Mobutu Sese Seko, que se hizo con el poder en 1965, se llegaría a la actual “república democrática” tras el golpe militar de Laurent-Désiré Kabila en 1997. Tras su asesinato en 2001, le sucedió hasta hoy su hijo Joseph. Se comprende su negativa a dejar el poder, si se tiene en cuenta la red de corrupción –cientos de millones de dólares en los últimos cinco años- montada desde la presidencia en los principales sectores de la economía congoleña: minería, agricultura y alimentación, banca, telecomunicaciones, mercado inmobiliario.

Como en otros países del tercer mundo, la pobreza de amplias capas de la población convive con una gran riqueza en materias primas. El Congo es el primer productor mundial de cobalto, el primero de cobre de África, y tiene coltán, diamantes, oro, estaño… Pero no hay fondos, según la comisión electoral, para celebrar unos comicios con garantías, a pesar de que el consejo de seguridad de la ONU aprobó el 26 de julio una declaración que invita a aplicar el Acuerdo de San Silvestre “en buena fe y en su totalidad, con el fin de organizar en diciembre de 2017 elecciones creíbles e inclusivas, que lleven a una transferencia pacífica de los poderes”.

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