Así vive el único detenido y puesto en libertad por los atentados de Las Ramblas

Según ha podido saber El Confidencial Digital de fuentes de su entorno, tras prestar declaración en la Audiencia Nacional, Aalla regresó a Ripoll, donde reside con su familia desde hace varios años, con la intención de hacer vida normal.

Sin embargo, las circunstancias de los atentados de Las Ramblas y Cambrils hacen imposible que Aalla viva como antes del 17 y 18 de agosto. Su hermano Youssef (que tenía 23 años) murió en la explosión de Alcanar, donde los terroristas tenían su centro de operaciones y acumulaban explosivos para orquestar una enorme masacre.

El menor de la familia, Said (19 años), condujo el Audi A3 que embistió en Cambrils contra los transeúntes del paseo marítimo. Murió abatido por los Mossos junto a sus cuatro compañeros. Tras enterarse de los atentados planeados por sus hermanos, Mohamed se presentó en la comisaría de policía, donde fue arrestado por ser el titular del Audi.

De luto y sin visitas

Mohamed Aalla se sienta cada mañana al volante de su vehículo Seat Ibiza. Se desplaza hasta una fábrica cercana a la localidad gerundense de Ripoll. Encadena varias jornadas laborales hasta el final de la tarde.

Al salir del trabajo, Aalla regresa a su domicilio y no sale a la calle, a no ser para presentarse cada lunes en el juzgado ripollés, como le impuso el magistrado Andreu. Si acaso, acude a comprar a algún establecimiento de productos de primera necesidad. Antes de los ataques terroristas, salía a pasear con su mujer en cuanto llegaba a casa del trabajo.

Desde los atentados, la vida social de los Aalla se ha resentido. Las visitas que recibían cada día en el domicilio familiar se han espaciado hasta convertirse en inexistentes. Pasadas tres semanas de los atentados, los vecinos y amigos de la familia prefieren mantener las distancias. Al menos de momento.

Recuperar los cuerpos de sus hermanos

Según ha podido saber ECD, la única en la familia que estaba al tanto de la vida de Youssef y Said Aalla era su madre. Ella estaba en contacto telefónico con los dos, que se instalaron en Tarragona y dejaron de visitar Ripoll. Por contra, Mohamed asegura que abandonó el trato con sus hermanos menores cuando éstos llevaban varios meses sin aparecer por el domicilio familiar.

El mayor de los Aalla se centra ahora en cuestiones prácticas: cómo retirar la titularidad del Audi A3 con el que se atentó en Cambrils y recuperar los cuerpos de sus hermanos para darles sepultura.

Las dos gestiones son complicadas porque tanto el coche como los cadáveres forman parte de las pruebas que maneja la Policía bajo las órdenes del juez Andreu. Al menos hasta que termine la fase de instrucción, no será posible traer los cuerpos a Ripoll.

Una declaración sólida

Según las mismas fuentes, Aalla fue puesto a disposición judicial el mismo 18 de agosto, día de los atentados de Cambrils. Fue trasladado a dependencias de la policía de Ripoll, y el lunes 21, a la comandancia de la Guardia Civil en Tres Cantos.

El juez le tomó declaración al día siguiente en la Audiencia Nacional. Ésta se alargó durante cinco horas y en todo ese tiempo “no tuvo ninguna contradicción” en su relato, tanto a preguntas del juez como de la fiscal Ana Noé.

Ofreció en todo momento un relato bien construido y sólido, sin alterar en ningún momento la versión inicial de los hechos que dio a los interrogadores. La coherencia y la lógica de su exposición, con una expresión correcta y enriquecida con un amplio vocabulario, llamó la atención del juez y de la fiscal, ya que Aalla tiene un nivel educativo bajo.

Madrid-Ripoll en taxi

Cuando terminó el interrogatorio, el juez dictó libertad para Aalla bajo la orden de presentarse cada lunes en el juzgado más cercano a su domicilio. También decidió retirarle el pasaporte. Y le dejó marchar.

Esto ocurrió pasadas las diez de la noche. Aalla, vestido con la misma ropa que llevaba el día de su detención, no tenía dinero ni teléfono móvil. En dichas condiciones, en mitad de la calle Génova de Madrid, se puso a buscar un taxi que le llevara a Ripoll.

Dio con uno que aceptó, con la condición de que su familia le pagara al final de la carrera. Dicho taxista se imaginó, con acierto, que transportaba en su vehículo a uno de los detenidos por los atentados de Las Ramblas.

Tras un viaje de 647 kilómetros que se prolongó durante varias horas, el padre de Mohamed, Ibrahim Aalla, pagó los miles de euros que acumuló el taxímetro. El conductor hizo noche en Ripoll y al día siguiente volvió a Madrid.

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